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Un día Leticia Rodríguez salió tras un sueño y el desarraigo no fue en vano

Leticia Rodríguez nació en Colonia del Sacramento y a los 18 años, casi 19, le dijo a sus padres que se iba a Montevideo a jugar al fútbol. “Una locura”, graficó la entrenadora que acaba de conseguir con la selección uruguaya la clasificación al Mundial de fútbol de amputados que se jugará en Turquía.

Jugó en varios equipos, entre ellos Nacional y en Peñarol, y se recibió de entrenadora con la Licencia Pro. Presentó un proyecto para dirigir juveniles mujeres en Peñarol cuando aún jugaba y tuvo que lidiar con la directiva para mantenerlo.

Entre 2013 y 2015 estuvo al frente del fútbol femenino aurinegro y luego, cansada de remar contra la corriente, intentó tomarse un año sabático.

“Me fui de vacaciones a Kiyú y encontré chicas que jugaban al fútbol. Me entreveré con ellas y desarrollé un proyecto que luego llevamos adelante en Juventud Unida y Campana de Libertad, hasta 2017”, contó Leticia.

Retornó a Montevideo a trabajar en Miramar Misiones y por recomendación llegó a Central Español como preparadora física de la Cuarta división. A fines de 2017 le ofrecieron la Quinta división del equipo masculino y en 2018 fue entrenadora de la Cuarta división de varones y coordinadora de juveniles.

Ese mismo año se integró al equipo de fútbol para amputados: “Es difícil para una mujer mantenerse en el fútbol de hombres” expresó y añadió, “por algo soy hasta el momento la única mujer que ha logrado un contrato profesional en AUF a nivel masculino”.

Un mundo nuevo

Su historia en el fútbol para amputado es una historia de sacrificios, de ella y de los jugadores.

Pacientes oncológicos que la amputación de una pierna fue la solución a su enfermedad y otros que sufrieron accidentes en moto. Jugadores que pertenecen a contextos diferentes de la sociedad: algunos que están contenidos por su familia y estudian o trabajan, y otros que lograron reinsertarse después de dar un paso en falso.

Así, con mucho esfuerzo y dedicación, se construyó la selección que logró el segundo puesto en el Sudamericano de Colombia y se clasificó al Mundial de Turquía que se desarrollará en octubre. Con el entusiasmo de la entrenadora Leticia Rodríguez hospedando jugadores en su casa para que no perdieran entrenamientos, con la voluntad de la mamá de Florencia Núñez en la cocina y del árbitro Marcos Vargas amasando pizzas para 25 personas.

Así llegaron a la competencia en Colombia, no sin antes transpirar también para conseguir el dinero del viaje. “Logramos los pasajes después de mucho pedir que las intendencias colaboraran, a través de la Secretaría Nacional de Deporte. Las comidas se fueron cubriendo con Macro que donó unos vales para hacer compras, los familiares ayudaron, donaciones y fuimos armando la alimentación. No era muy sencillo”. Pero se logró.

La preparación previa se desarrolló en el club Náutico, donde se realizó un largo proceso: “Todos los fines de semana los chiquilines venían en modalidad de concentración. Durante enero y febrero hicimos doble horario sábado y domingo”, contó Rodríguez. “Siempre les decía que por lo que estábamos trabajando podíamos aspirar a un poquito más y a ellos les costaba creer”.

Debido a que el estadio Charrúa estaba ocupado y no había batallones disponibles, tuvieron que repartirse. “Yo me traje un par de chicos a mi casa, un compañero se llevó otro tanto. Al otro día nos volvíamos a juntar a las 9 para entrenar”. Es que hay jugadores de Artigas, de Cerro Largo, de Colonia.

El torneo sudamericano se jugó en Salgar, calurosa región de Colombia: “Fuimos con el objetivo claro de clasificar al Mundial, porque habíamos trabajado mucho para eso. Las expectativas eran pelear un tercer o cuarto puesto, entendiendo que Colombia era local, que Brasil fue medalla de bronce a nivel mundial y Argentina tiene como 14 años de historia en el fútbol amputado”, reconoció Rodríguez.

El plan era ganar los primeros tres partidos, contra Ecuador, Perú y Chile. “El primero fue con muchos nervios, pero logramos romper eso con una goleada 6 a 2. Los chiquilines empezaron a animarse más y después que pasamos el quiebre del tercer partido y empatamos con Brasil, ya queríamos el título”, dijo la entrenadora.

Primer equipo clasificado

Tras la igualdad con los brasileños, Uruguay fue la primera selección en clasificarse al Mundial, superando ampliamente las expectativas.

Leticia se integró al proyecto en 2018 y al principio no fue fácil: “Cuando me invitaron tenía esos miedos, de tratar con discapacitados, cómo vas a hacer. Al principio éramos muy poquitos y fuimos al Mundial de México como invitados. Ahí les dije que teníamos que hacer las cosas en serio. El primer objetivo era salir de ese lugar de la lástima y los gurises lo fueron entendiendo. Para nosotros es como el fútbol convencional, entrenan, viven, juegan y hacen todo como un equipo de fútbol tradicional. Tienen una rutina de nutrición, el que estudia debe cumplir y el que trabaja también. Hoy por hoy somos pares”, expresó a Referí.

Al regresar de México la entrenadora presentó un proyecto, que ahora lleva adelante. En el plantel se encuentra la coloniense Florencia Núñez, única mujer en el mundo masculino del fútbol de amputados. “Llegó como invitada en 2018. Ella hacía algún deporte que otro y hasta el momento de aparecer el fútbol de amputados usaba su prótesis y no se había subido a los bastones. No se sacaba fotos de cuerpo entero con su amputación, pero a partir de ahí no le importó, se saca la prótesis, fotos”, contó la entrenadora.

La jugadora es una más del plantel por méritos propios: “Se ganó su lugar y es la única mujer a nivel mundial jugando en un equipo masculino. Genera sus controversias porque hay quienes no están de acuerdo, pero ella no está acá para cumplir una cuota, lo hace porque tiene condiciones para hacerlo”.

Ahora viene la otra etapa, la del Mundial. “El 28 de setiembre tenemos que estar en Turquía y la competencia es del 1 al 9 octubre. En 2018 no logramos pasar de fase, pero en esta ocasión estamos más ambiciosos; en base al rendimiento les dije que me conformo con un quinto o sexto puesto”.

La selección ya tiene los US$ 5000 necesarios para la inscripción, pero ahora tiene que conseguir más de US$ 40.000 para los pasajes y otros gastos en Turquía. “El mismo día que llegué de Colombia ya empecé a mover los hilos para ver como conseguimos ese dinero”, señaló la entrenadora, que tiene que volver a empezar.

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